Anje Post

15 abr 20265 min de lectura
Anje Post

"Por más limitados que sean los recursos de los pacientes, casi todos buscan la manera de aportar su granito de arena."

Anje Post, médica voluntaria

¡Hola a todos! Durante el pasado medio año, desde septiembre a febrero, yo (Anje) trabajé como médica voluntaria en el Hospital San Miguel. Cuando me preguntaron si quería contar algo sobre mi experiencia, me pareció una idea fantástica, pero ¿por dónde empiezo? Han pasado tantas cosas...

A finales de agosto llegó el momento; tras un año lleno de preparativos, campañas de recaudación de fondos, trámites... ¡A subir al avión, rumbo a Ecuador! De antemano, por supuesto, te imaginas cómo será y todo lo que vas a vivir. Pero absolutamente todo es diferente. El clima, el calor, la gente, el idioma, el lugar donde duermes, la cocina que compartes con el resto del personal, tu trabajo... realmente todo. Por eso quiero compartirles un par de situaciones, tanto relacionadas y no relacionadas con el trabajo, ¡las cuales representan muy bien lo que significó para mí este tiempo aquí!

Durante uno de los fines de semana tuvimos a una paciente internada muy grave. La habíamos trasladado a otro hospital, pero allí la rechazaron. Finalmente, regresó con nosotros e intentamos todo lo que estaba en nuestras manos con los recursos que tenemos aquí, pero lamentablemente falleció... En momentos así, te das cuenta de que estás en un lugar con recursos limitados y de que la atención médica en los Países Bajos está extremadamente bien organizada. En ese momento, por ejemplo, solo había una ambulancia para toda la región, desde Puerto El Carmen hasta Lago Agrio (por la carretera principal, esto ya es un trayecto de cuatro a cinco horas). Entonces, si la ambulancia está en Lago, tienes que tener suerte de que pueda venir; y aun así, toma unas diez horas llegar a un hospital donde, con suerte, puedan atenderte (aunque a menudo eso no está garantizado).

Anje Post atendiendo a una paciente

Y ahora algo sobre el tiempo libre: tuve la brillante idea de levantarme temprano para salir a correr. Sonó la alarma, pero estaba demasiado cómoda en la cama, así que (al igual que un par de semanas atrás) no salí de casa hasta las ocho. Ahí es cuando te das cuenta de tu error: ya hace demasiado calor afuera y las personas que te cruzas te miran con compasión. Tras 45 minutos de trote a duras penas, regresé al hospital y ahora estoy completamente segura: ¡salir a correr por la mañana solo se puede hacer a las seis de la mañana!

Anje Post y Jacob en el hospital

Un paciente de emergencia, anunciado desde Tres Fronteras, Perú: nos dijeron que había habido un accidente con un arma de caza... Cuando el paciente llega, vemos de inmediato que la historia es distinta a la que nos contaron por teléfono. No es la mano, sino el codo. Completamente vendado, y aun así la sangre gotea por el suelo. En el otro brazo, un suero. Primero lo atendieron en Perú, y rápidamente quedó claro que debemos tratarlo en el quirófano. Resulta (después de una radiografía) que todavía tiene seis perdigones en el brazo. Para entonces ya había viajado alrededor de siete horas en bote hacia nosotros, y ya había pasado 10 horas desde el accidente. Alto riesgo de infección... Finalmente, yo me hago cargo de la anestesia/sedación, y Pao y Jacob operan juntos. Permaneció hospitalizado con nosotros durante 10 días y se recuperó de manera milagrosa. Cuando lo veo en un control un par de semanas después, ya puede incluso usar un poco su codo.

Otra emergencia: un muchacho joven que tiene mucha dificultad para respirar. A veces la situación puede ser tensa, con tan pocas personas y con recursos limitados. En los Países Bajos, para este caso, ya habrían llamado hace rato a Cuidados Intensivos, a un anestesiólogo y a un pediatra. Aquí tenemos que resolverlo juntos, y es precisamente eso lo que lo hace tan especial. Una persona corre a la farmacia, otro hacia el tanque de oxígeno, y al final, entre todos logramos sacarlo adelante 🍀

La importancia de compartir: el lunes antes de Navidad, Dayana, la recepcionista, se acerca a mí y me dice: "Doc, ¿qué le parece si mañana (la víspera de Nochebuena) hacemos una parrillada navideña con el equipo?". En los Países Bajos sería imposible reunir a la gente con tan poca anticipación; aquí, (casi) todo el equipo estaba completo. ¡Qué maravilla, no tener una agenda completamente llena! Dayana tiene un hermoso asador latino. Un pollo entero, medio lomo de cerdo, un trozo de res, todo entró al mismo tiempo y, una hora y media después, ¡salió delicioso! Que durante el proceso de dar vuelta a la carne algunas cosas no salieran exactamente como estaban planeadas y que casi toda terminara por un momento sobre la vereda... bueno, eso preferimos olvidarlo rápidamente… Por supuesto, la noche terminó con estilo: con karaoke. ¿Tienen idea de cómo es que nosotros nos sabemos la canción "libre soyyy, libre sooyyyyy"?

La parrillada navideña con el equipo del Hospital San Miguel

El domingo, de nuevo en la atención ambulatoria, y nos sorprendieron con cuatro piñas y una funda entera llena de bananos. El esposo de una paciente estaba muy agradecido con nosotros y trajo esto desde su finca. ¡Qué lindo detalle! Por más limitados que sean los recursos de los pacientes, casi todos buscan la manera de aportar su granito de arena.

Estoy muy agradecida con Carolien, Jacob y todo el equipo por su confianza y por todas las experiencias que hemos podido vivir juntos. ¡Espero regresar algún día! Por ahora, sigo conectada "gestionando" las redes sociales. ¿Tienen sugerencias o cosas que les gustaría ver? ¡Me encantaría escucharlas!

Anje

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