Maarten Meijer

13 abr 20265 min de lectura
Maarten Meijer

"Aquí los días vienen como vienen. Al empezar la jornada, nunca sabes cómo va a terminar."

Maarten Meijer, médico voluntario

En el bus nocturno de Quito a Puerto El Carmen, se aprecia muy poco del paisaje. Está oscuro y, poco a poco, el bus se va quedando vacío. En cierto punto, el bus pasa por un control militar y, al final del trayecto, te bajas en Puerto El Carmen en la mañana. A partir de aquí, la única forma de continuar es en lancha.

El calor te golpea y, tras un largo viaje, te bajas del bus. Jacob me está esperando; Carolien se fue a los Países Bajos hace unos días por el nacimiento de su bebé.

Adormecido por el largo viaje, miro a mi alrededor y me pregunto dónde he ido a parar. En el centro del pueblo, aparte de la temperatura tropical, no te das cuenta inmediatamente de que estás en medio de la selva. Juntos caminamos hacia el Hospital San Miguel.

Miguel, el loro adoptado del hospital

Es impresionante lo que Jacob y Carolien han construido aquí. El hospital está ubicado en un antiguo internado católico en medio de la Amazonía. Las paredes y los pisos son coloridos. El patio central del hospital es abierto: entran y salen pajaritos, acompañados por insectos grandes y, de vez en cuando, por alguna tarántula o una serpiente venenosa. Hace calor y, al menos una vez al día, una fuerte lluvia tropical cae sobre el patio.

Aquí los días vienen como vienen. Al empezar la jornada, nunca sabes cómo va a terminar. A veces hay días tranquilos. Otros días, abres las grandes puertas de metal azul por la mañana y ya hay gente esperando afuera. Las personas suelen venir de lejos. Muchas viajan horas a través de la selva y por el río. Por ello, a menudo llegan tarde y pueden estar muy enfermos. A veces el trabajo continúa durante la noche. Si suena el timbre del hospital en la madrugada, nunca sabes qué hay al otro lado de la puerta. Puede tratarse de accidentes de moto, mordeduras de serpiente o incluso partos.

Maarten Meijer durante una operación

Un gran contraste con los Países Bajos es que aquí trabajamos con un equipo pequeño y muy unido, por lo que haces muchas cosas tú mismo. Atiendes a pacientes para todas las especialidades médicas y haces trabajo tanto de emergencias como de medicina general. Tú mismo realizas las ecografías y las radiografías. No hay médicos especialistas en el hospital; solo podemos consultarles a distancia.

Otra diferencia con mi trabajo en los Países Bajos es que allá, al final de mi turno, le entrego la guardia a mi colega y me voy a casa en bicicleta. En Puerto El Carmen, el trabajo no termina al finalizar el turno. Duermes dentro del hospital y convives con tus colegas. Trabajar toda la noche de corrido porque no dejan de llegar casos de emergencia no es ninguna excepción. Además, tienes un rol especial en la comunidad; después de un tiempo, conoces a mucha gente en el pueblo: los comedores locales, la verdulería donde una vez por semana venden verduras. En la calle te saludan con un "¡¡Hola Doctor!!" y hasta terminas dando alguna consulta rápida en la tienda de verduras. A veces el trabajo es duro e intenso, y hay momentos emotivos lejos de casa. Pero siempre te vas a la cama con una sensación de satisfacción.

Aparte del trabajo médico, siempre hay algo que hacer en el hospital. Por ejemplo, restauramos el Mirador — la casa del árbol detrás del hospital desde donde se puede ver Colombia al otro lado del río — que poco a poco estaba siendo devorada por las termitas. En mi tiempo libre construí una casita para pájaros para el loro adoptado del hospital, Miguel, que ya necesitaba un espacio más grande. Todas las semanas jugamos fútbol con el equipo del hospital y sus familias, salimos a correr en el calor tropical, y por las noches cenamos juntos y conversamos sobre las experiencias, a veces realmente insólitas, que vivimos durante el día.

En mi fiesta de despedida hubo bailes y risas. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de cuánto he llegado a querer a la gente aquí. Su positivismo sigue asombrándome: las personas tienen muchos problemas, pero nos reímos todos los días. Siempre hay tiempo para una conversación, una broma; te reciben con una sonrisa. Estás muy cerca de los pacientes y los acompañas durante su estadía.

De regreso en los Países Bajos, pienso a menudo sobre todas las hermosas experiencias del trabajo y el entorno, ¡pero sobre todo en las personas que he llegado a conocer!

Maarten

Foto grupal con el equipo del Hospital San Miguel
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